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6TOROS6 : DIFERENTES MANERAS DE VER LO MISMO

DIFERENTES MANERAS DE VER LO MISMO


6Toros6
DIFERENTES MANERAS DE VER LO MISMO
e pregunto si a ustedes también les sucede: viendo la pasada Feria de Abril por televisión, además de disfrutar con las sabias reflexiones de Emilio Muñoz y con las inteligentes apreciaciones de Máximo Pérez, y viendo a continuación ya en la plaza de Las Ventas las corridas de la primera semana de San Isidro, se me ocurrió pensar que, como mínimo, tengo dos maneras diferentes de ver los toros. Y aunque estoy convencido de que siempre entiendo el hecho taurino de la misma manera, ambas formas, aun siendo complementarias, son distintas. No se trata de un descubrimiento reciente, desde luego, porque llevo cerca de cuarenta años compaginando estas dos formas de acercarme a un espectáculo taurino, además de otros diez o doce anteriores en los que veía los toros de una manera también distinta, más inocente, en la que más que análisis de las faenas, que entonces no había en absoluto, lo que primaban eran las sensaciones a flor de piel. Sensaciones primarias, podríamos decir, de satisfacción o de indiferencia, de gusto pero nunca de disgusto. Y siempre de admiración. Entonces, en mi niñez, los toreros se dividían entre los que me gustaban y los que no, y no entre los que estaban bien y los que estaban mal. Sin nombrar a nadie, porque sería muy injusto, puedo decir que no todos los que triunfaban se encontraban siempre entre mis preferidos. Influían otras cuestiones que seguramente el lector podrá imaginar leyendo la lista de toreros que doy a continuación. Tengo muchos recuerdos sueltos, pero fuertes, de faenas de la primera feria de San Isidro que vi completa, la de 1973, sentado en la última fila de la andanada del 7. Entonces tenía doce años, y ahí están en la memoria Luis Miguel Dominguín, Antonio Bienvenida, Antoñete, Paco Camino, El Viti, Curro Romero, Andrés Vázquez, José Fuentes, Dámaso Gómez… son recuerdos nítidos pero carentes de análisis. Como he dicho, no sé cómo estuvieron, sólo sé si me gustaron o Mno. Ni entonces ni ahora sé si se mostraron por encima o por debajo de sus toros; sólo sé el recuerdo que me dejaron como toreros: su manera de andar, su torería, su estilo, su estampa y personalidad, incluso el color y hasta el diseño de algunos de los trajes que llevaban esos días. Entonces miraba con los ojos muy abiertos, llenos de asombro, escuchando lo que me explicaban pero todavía sin analizar nada. O casi nada. Eso llegó después. Esta forma tan inocente de ver toros fue desapareciendo poco a poco, evolucionando a otra en la que el comportamiento del toro pasó a tener un protagonismo que antes no tenía. Aún no era periodista, de manera que el análisis profundo estaba todavía en un plano secundario. Todo cambió a partir de 1983, con los primeros trabajos periodísticos, aunque el cambio radical llegó un par de años después con las primeras crónicas taurinas (o críticas, que de todo hay, según los momentos), y la responsabilidad de intentar contar a los oyentes/lectores qué había pasado en cada festejo taurino. Es en este momento cuando aparecen las dos maneras distintas de ver los toros de que antes hablaba: una que intenta (y espero que consiga) ser muy analítica, pendiente de todos los detalles en todos los momentos de la lidia, y de anotarlos en las libretas, para luego pasar al papel impreso la historia de la corrida; la otra tiene lugar aquellos días de corrida en que no hago la crónica (como en la pasada Feria de Abril, igual que en la primera semana de San Isidro), y es entonces cuando el espectador que uno lleva dentro se impone al periodista, y aun fijándome siempre en los mismos pequeños y grandes detalles, lo que queda es la visión de conjunto. Desde luego que hay análisis, sin duda suficiente, pero voluntariamente no es tan pormenorizado como cuando se va a escribir la crónica de la corrida. Siendo tan distintas estas maneras de ver los toros, hoy por hoy no sabría decir cuál me gusta más, si aquella en la que ejerzo de cronista (en la que sería capaz de contar la corrida paso a paso, casi pase a pase, y no sólo porque esté todo anotado, pues al escribir casi nunca miro las notas tomadas en la plaza porque prefiero dejarme llevar por la memoria, pues ésta siempre privilegia lo fundamental del festejo y rechaza lo accesorio) o aquella otra en la que disfruto como aficionado, sin retener todos los detalles pero sí los suficientes como para obtener una idea, creo que fiel, de lo que ha pasado en el festejo. Por todo lo escrito hasta ahora –y aquí espero que el lector comprenda y, por tanto, disculpe el contenido tan personal del comienzo de este texto– valoro en su justa medida el trabajo en las transmisiones de la excepcional pareja de comentaristas televisivos que forman Emilio Muñoz y Máximo Pérez. De Emilio valoro sobremanera el contenido de sus comentarios, tan acertados siempre, ni dogmáticos ni demagógicos, con profundidad y torería, pero no como si hablase con otro torero, porque a éste no tendría que explicarle tantas cosas como de manera tan atinada nos explica a los telespectadores. Sin perder durante un solo minuto su condición de matador de toros y, por tanto, de aficionado que ha vivido la Fiesta desde dentro, Muñoz va anotando con la voz todos y cada uno de los detalles profundos de la corrida, tanto del toro como del torero. Sentarse a ver los toros con Emilio Muñoz al lado es un lujo auténtico, y dudo mucho que haya mejor compañero de localidad. De Maxi valoro su excepcional capacidad para aportar detalles de todo tipo, del pasado y del presente, y no sólo de esos que podríamos denominar datos estadísticos, sino también conceptos del propio desarrollo de la corrida. Siempre tan medido y ajustado, en un ejercicio de equilibro alejado rotundamente de la verborrea enciclopédica, Maxi es también un magnífico compañero de localidad.
1E Ejemplar
2,99€
1M 1 Mes
10,99€
3M 3 Meses
27,99€
6M 6 Meses
49,99€
1A 1 Año
89,99€